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Vargas Llosa y el Fantasma del Populismo Mexicano

Por: Francisco de la Guerra

El Mirador Economía

 

 

Como una remedo del Encuentro Vuelta de 1990 “El siglo XX: La experiencia de la libertad”, para celebrar y reflexionar en torno a la caída vertiginosa del antiguo socialismo real, en el cual Mario Vargas Llosa definió al sistema político mexicano como la “dictadura perfecta”, a fines de mayo pasado (2019) se celebró con menor pompa la III Bienal Vargas Llosa dentro la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la cual el premio Nobel de Literatura 2010 soltó sus púas contra el recién estrenado gobierno mexicano de López Obrador agitando un viejo nuevo fantasma, el fantasma del populismo (El País, 2 VI 2019).

 

Si en 1990 Octavio Paz se molestó con él, pues la celebración le debía mucho al patrocinio del presidente neoliberal Carlos Salinas, ungido en 1988 tras un brutal fraude electoral, en esta jornada los molinos de viento ni siquiera se agitaron por sus críticas al populismo, pues no tuvo que retirarse inexplicablemente ni ser regañado por Paz, que poéticamente rompió sus lanzas entonces contra Vargas en defensa de la honra del modernizado ogro filantrópico mexicano, definiéndolo neutralmente como un “sistema de partido hegemónico”.

 

Bajo el mural de Orozco El pueblo y sus falsos líderes que Vargas Llosa refiere como “contra el fanatismo ideológico”, el autor de Conversación en La Catedral dio consuelo a una alicaída intelectualidad mexicana que según el autor peruano-madrileño está “al frente de esa resistencia” al populismo mexicano encarnado en el “embeleso” social con el caudillaje del presidente López Obrador.

 

Si uno no fuese mexicano y se basara sólo en lo dicho por Vargas Llosa, podría pensar en efecto que la democracia mexicana fue perfecta hasta que llegó López Obrador y que los intelectuales que expresaron sus letanías sobre el presidente son “acaso los más eminentes del país”, pero en su relación destacan los grupos que en los años 90 se disputaban el favor del caudillo del neoliberalismo mexicano, Carlos Salinas de Gortari: 

 

Por ejemplo, Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos, considerado el hemisferio izquierdo del cerebro del régimen salinista, probable autor del concepto de “liberalismo social”, oxímoron con el que la dictadura perfecta del PRI populista se transformó en la dictadura perfecta del PRI populista neoliberal.

 

También menciona a Enrique Krauze, denunciado como jefe de la Operación Berlín de en 2018 (además de heredero del imperio cultural de Octavio Paz, el hemisferio derecho del cerebro salinista), que Vargas Llosa presenta como “víctima de una reciente campaña de descrédito e intimidación por sus críticas al Gobierno” y por denunciar el populismo del “mesías tropical” (el artículo que justificó intelectualmente el fraude de 2006 y la guerra sucia electoral continua contra López Obrador).

 

Asimismo presenta a Christopher Domínguez Michael, otro monago de Paz, “para quien el deterioro de la democracia mexicana es ya un hecho irrebatible”, “irrebatible” pese a la victoria de López Obrador en 2018 con más del 50 por ciento de los votos, pero “que sólo podrá agravarse”, paradójicamente, dada la magnitud de este triunfo democrático, inédito en el país.

 

El “fanatismo ideológico” contra el nuevo gobierno de esta quincena de intelectuales mexicanos que presenta como muestra Vargas Llosa lo contagia, y da absoluto crédito a sus diatribas contra el populismo y la supuesta pretensión del presidente López Obrador de perpetuarse en el poder, como si estos intelectuales no hubiesen estado ligados a los grupos de poder populistas-elitistas del antiguo régimen salinista derrotado en 2018. 

 

Incluso, el hecho de que el presidente responda cuestionamientos de la prensa todos los días le parece a Vargas Llosa una forma de intimidación a la prensa, obviando la corrupción ligada a las dádivas y favores que no solo los periodistas sino estos intelectuales recibían del ogro filantrópico desde antes del sexenio de Salinas de Gortari (1988-1992) y hasta 2018, cuando el país, pese a los fraudes electorales de 2006 y 2012, las matanzas y desaparecidos, era según sus diagnósticos una democracia paradisiaca. Ahora, el cese de los célebres “chayotes” y dádivas publicitarias les parece un atentado contra la libertad de expresión.

 

Los cambios en la política exterior también son motivo de una vitriólica crítica de este súbdito y lacayo de la Corona española, quien después de enaltecer al canciller del “Comes y te vas”, lamenta que el gobierno mexicano se haya deslindado de la “diplomacia” de Estados Unidos, que ha regresado a las políticas más burdas y agresivas del Big Stick y las Banana republics, para concluir con el insulto y la falsa analogía de que no ajustarse a la línea dictada por el humanitario Donald Trump contra Venezuela y Nicaragua equivale “a ser neutral ante la peste bubónica”, pero lo increíble es que Vargas Llosa no perciba que Trump sí es la peste bubónica, y no sólo para América Latina sino para el mundo.

 

En conclusión, Vargas Llosa ha perdido la lucidez del Encuentro Vuelta con la que dictaminó en los años 90 el sistema político mexicano como una dictadura perfecta, para alinearse fanáticamente con la ideología de que México fue una democracia a partir del año 2000, mientras se imponía autoritariamente el neoliberalismo aliado a la corrupción, el crimen y el fraude electoral. Incluso, parece que el Marqués de Vargas Llosa comparte espiritualmente el desaliento y la decadencia de estos 15 intelectuales del mundo azteca que no se hallan fuera de los privilegios y los halagos que les consagraba la cercanía al ogro filantrópico que Paz tanto amó y odió.

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