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Delirios de cuarentena (14 días de confinamiento)

Por: José Luis Avendaño C.

El Mirador Economía

 

 

 

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Además de la movilidad, el encierro me ha dañado (¿más?) las neuronas, que, desconectadas unas de otras, cada quien por su lado, buscan cualquier resquicio, puerta, ventana, para escaparse,  respirar y trotar por las nubes de algodón. A ver si por allí se encuentran con el saxofonista Encías sangrantes Murphy, el amigo inolvidable de Lisa Simpson.

 

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Una de las leyes de (otro) Murphy dice: “la situación no puede estar tan mala, que pueda ponerse peor”. Una frase muy adecuada para un pesimista informado, que dicen que son, al menos, ciertos economistas.

 

Para documentar nuestro horror económico (Vivianne Forrester dixit), el FMI anuncia que el mundo entró en recesión. Y la pregunta: ¿cuántas ganancias y vidas se perderán? Es aquí donde el capital enseña su verdadera naturaleza.

 

El riesgo-país quedó atrás, desfasado. Nos hallamos frente al riesgo-mundo, con el sistema infectado.

 

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Receso: tiempo muerto, de aparente inmovilidad. Sin nada qué hacer… o pensar, que no sea cuándo y cómo terminará la pandemia. ¿Cómo ya nos afecta? Después de esto, la economía y la sociedad no serán iguales. ¿Seremos más solidarios y fraternos?

 

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Unos pierden más –mucho más— que otros: en una sociedad tan desigual, como lo es la mexicana, los que viven en la/ de la calle. Casi seis de cada diez de los constituyen la PEA (población económicamente activa), están sumergidos en la economía informal, producto de lo que Sergey Bodrunov denomina método rapaz del capital.

 

¿Será el fin del neoliberalismo, del capitalismo crudo y salvaje, que privilegia la bolsa sobre la vida? La bolsa de valores, se entiende. Sobre todo, están los millones de bolsillos de las víctimas del sistema.

 

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A propósito de la pandemia del coronavirus, Naomi Klein retoma la tesis de su libro: La doctrina del shock (2007): “es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las élites y debilitan a todos los demás”. En realidad, “el shock es el propio virus”. Véase la página digital de El Viejo Topo (19 de marzo).

 

Es lo que el movimiento Ocuppy Wall Street (Ocupar/Tomar Wall Street) caracterizó, a raíz de la crisis de 2009: el uno por ciento contra el 99 por ciento.

 

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En su edición digital de 28 de marzo, Globettroter tiene una nota con un sugestivo título: Cuando los economistas intentan resolver las crisis de salud, los resultados pueden ser casi siempre desastrosos.

 

Recuerdo un chiste: cuando un médico se equivoca, mata a una sola persona, el paciente; cuando se equivoca un economista (un doctor en economía y sus recetas neoclásicas), con sus políticas mata de hambre a pueblos enteros…

 

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Así como 9 de cada 10 noticias giran en torno a la pandemia, 9 de cada 10 consejos se refieren, ahora, a cómo sobrellevar el encierro y no volverse loco. Más. Si hay niños, hay que tener mayor imaginación y paciencia. Se despliega un amplio abanico de opciones. Como hecho en CU que soy, acudo a www.cultura.unam

 

3 recomendaciones 3: Persona normal, de Benito Taibo, La esclava de Juana Inés, de Nacho Casas, y El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.

 

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Repensar el significado del confinamiento en el estrecho espacio de la casa y replantear las relaciones familiares. Entre otras cosas, la valorización del trabajo doméstico.

 

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El celular es la conexión al mundo exterior (yo no tengo). Puede ser instrumento de información y comunicación o de desinformación y aislamiento. El papel de las redes, en las que, finalmente, todos nos enredamos y quedamos atrapados. Pero, ¿somos mejores personas?

 

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El confinamiento, y eso que apenas empieza, parece dar lugar a delirantes afirmaciones: “los pobres somos inmunes”, dice el gobernador de Puebla. ¿Quién se pone el saco, y sale a las calles, hoy, a hacer jogging?

 

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De esta crisis, se derivarán lecciones y resultados, a nivel individual y en nuestras relaciones interpersonales y a distancia o virtuales, dentro y fuera de la familia y de la comunidad; las relaciones en el mundo del trabajo y la escuela, y con el mismo Estado. El mundo será diferente. Ya lo es. Se nos insiste: ahora todo es virtual, de lejitos…

 

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Lo peor que le puede suceder al Estado es que la sociedad desconfíe de ella –que se le pierda la fe, en el lenguaje de hoy—, en las decisiones que está tomando y las políticas que aplica para salir del atolladero, pues con ello pierde legitimidad. Diferentes porciones de ella, que lo hacen por motivos diversos. En este caso concreto, si se actuó tarde o a tiempo.

 

Educados en la doctrina amarillista de raptola-violola-matola, muchos esperan, con ansias, que los no pocos que andan todavía por las calles, se desplomen como moscas, únicamente para exclamar: ¡Te lo dije!

 

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Como en otras situaciones, grupos de la sociedad se adelantan al Estado, que tiene que retomar el control. El riesgo es que por razones de seguridad, se violen derechos humanos. Algunos pensarán que ya se empezó con la libertad de tránsito…

 

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De su edición del mes de mayo, el 27 de marzo Monthly Review adelanta la introducción: “el Covid-19 y  los circuitos del capital”, en el que se afirma que la retórica nacionalista de Trump acerca del virus chino, así como el continuum liberal, oscurecen la entrelazada dictadura que ejercen el Estado y el Capital, “hermanos enemigos”, como los describió Marx. La muerte de los trabajadores, que se lleva al cabo en el campo de batalla de la economía, se traslada al espacio más íntimo de los sofás de los hogares (con el celular en una mano y el control de la tv, en la otra).

 

Situación que no deja de reflejar la aguda competencia intercapitalista (a pesar de la cumbre virtual entre los líderes del G-20, por aquello de la social distance). Al respecto, “Trump y sus aliados están dispuestos a preservar al capitalismo a cualquier costo” (Truthout, 28 de marzo). Costo humano más que el económico, se entiende.

 

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La pandemia exacerba ánimos y distractores. Cuando Estados Unidos alcanza el primer lugar en muertes por la pandemia, que afecta a la economía y, por lo tanto, sus posibilidades de reelección, no obstante la inyección billonaria en dólares, a Mr. Trump se le ocurre acusar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de narcoterrorista y, como en los tiempos del  Lejano Oeste, ofrece una recompensa.

 

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“Si Robespierre tenía muchos admiradores que llegaban a la adoración, no dejaba de tener enemigos que lo odiaban mortalmente, que aprovechaban todas las ocasiones para hacerlo odioso, atribuyéndole los horrores del Terror, y hasta trataron de ridiculizarlo mezclándolo en lo que se decía de una vieja loca y mística, Catherine Théot, que se hacía llamar ‘madre de Dios’.”

 

Piotr Kropotkin. La Gran Revolución Francesa 1789-1793, tomo II. Para Leer en Libertad. México. 2018.

 

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Su ausencia física –en conferencias mañaneras y giras— crearía vacíos de poder que serían llenados por los conservadores, nos aclara el presidente. Más parecido a Madero que a Juárez, ¿será López Obrador, como el capitán del barco, el último en resguardarse?

 

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Es momento de adentrarme en la novela de Paco Ignacio Taibo II: Retornamos como sombras, que, a manera de epígrafe, comienza con unos versos de Pedro Garfias: “Vengo, voy, retrocedo, avanzo loco / mientras pretendo retener a puño / la sombra de la sombra de un olvido”.

 

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Para reanimarme: una taza de café, Los Simpsons, Galeano, Charlie Parker y Billie Holiday, Bill Evans y Diana Krall.

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El Mirador Economía es una revista digital que aborda temas de política, economía y cultura, a través de investigaciones, entrevistas y foros.